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Es más probable ganarse el Loto que durar como SEREMI


Menos calle que Venecia

El gobierno de Kast se mueve más que una montaña rusa —pero sin cinturón de seguridad, sin aviso previo y, sobre todo, sin boleto de vuelta. Dicen los estadísticos que la probabilidad de ganarse el Loto en Chile es de aproximadamente 1 en 7 millones. Una cifra intimidante, sin duda. Pero luego uno mira el currículum de cualquier seremi del gobierno de Kast y concluye, con toda seriedad científica, que las matemáticas fallan: es más fácil que te salga el número ganador un martes lluvioso que completar un año calendario como Secretario Regional Ministerial. Al menos el Loto avisa cuándo juegas. La Moneda, no.

Renato Munster, menos teleseries, más política

Empecemos por el caso más filosófico de la semana: Renato Münster, actor y gestor cultural, fue anunciado con bombos y platillos el martes 14 de abril como seremi de las Culturas de la Región Metropolitana. Con experiencia en teatro, televisión y festivales, sonaba como el candidato ideal. El miércoles 15 —esto es, al día siguiente— ya había publicado su carta de despedida. Un día. Veinticuatro horas. Ni siquiera alcanzó a calentar la silla. Y eso que venía a reemplazar a Gustavo Baehr, un abogado de 29 años sin experiencia en el mundo cultural, quien a su vez había durado apenas dos semanas en el mismo cargo. La seremi de Culturas RM lleva así dos titulares en menos de un mes: un récord que ni el Festival de Viña logra en cambios de conductor.

"En el gobierno de Kast, la estabilidad no es un valor — es un rumor."

Pero si quiere usted ver el epicentro del terremoto seremi, viaje a la Región de Valparaíso. La Quinta Región ha sido, en estos primeros 100 días, algo así como el laboratorio de la inestabilidad nacional. Primero cayó Aldo Ibani, seremi de Salud, a los tres días de ser designado, entre cuestionamientos por la presunta venta de productos falsificados. Tres días: el tiempo suficiente para aprender el nombre de la secretaria, no mucho más. En paralelo, el gobierno había anunciado a Hernán Silva, coronel (r) de Carabineros, como seremi de Seguridad Pública. Buena idea sobre el papel, hasta que reflotó un sumario administrativo de 2012 por presunta falsificación de firmas. El nombre desapareció de las plataformas oficiales con una discreción que habría envidiado el mejor mago de escenario. Y para no dejar ninguna cartera intacta, el seremi del Trabajo, Carlos Montero, también presentó su renuncia a los pocos días, dejando a Valparaíso sin titulares en Salud y Trabajo al mismo tiempo. El gobernador Rodrigo Mundaca lo dijo sin anestesia: fue una instalación "desprolijaˮ.

Un pasaje a Fantasilandia a la vuelta de la esquina

Sólo en Valparaíso: al menos 3 carteras sin titular simultáneamente. El fenómeno, eso sí, no discrimina región ni ministerio. En Arica, Nataly Cruz Plaza, de 26 años y recién egresada de la Universidad de Tarapacá, asumió como seremi del Trabajo y duró ocho días: no podía acreditar los dos años de experiencia laboral que exige la ley. En Atacama, Jaime Severino renunció a Bienes Nacionales cuando salieron a la luz deudas de pensión alimenticia. En Los Ríos, Jorge Salazar ni siquiera llegó a firmar su decreto de nombramiento en Obras Públicas: los cuestionamientos por su gestión al frente del club Deportes Valdivia bastaron para frustrar su llegada. Y en la Araucanía, Rodrigo Francois (Evópoli) había sido designado seremi de Economía, hasta que se descubrió que no cumplía el requisito de diez semestres de educación superior. Pequeño detalle. De nada.

La montaña rusa tiene al menos rieles fijos. El gobierno, todavía los está instalando.

Los defensores del gobierno dirán —y lo dicen con cara seria, lo cual ya es un mérito— que estos cambios son señal de exigencia, de estándares altos, de que "el Presidente no transa con la mediocridad". Admirable postura. Un parlamentario de la coalición llegó incluso a declarar que "no se está cayendo el mundo con que salgan tres seremis". Cierto. Pero tampoco se construye uno con esta velocidad de rotación. Ni el más motivado de los funcionarios puede implementar una política pública si recibe su carta de nombramiento el lunes y la de remoción el viernes.

Claro que hay quienes salen bien parados de esta danza de sillas. Las empresas de mudanzas han visto un auge notable en el sector público. Las imprentas de tarjetas de presentación trabajan a tres turnos. Y los redactores de decretos han encontrado, por fin, la estabilidad laboral que tanto buscaban: ellos sí que no van a ser removidos, porque si no, ¿quién firmaría los próximos cien?

En el fondo, podríamos ser clementes y pensar que todo esto responde a una lógica superior que el ciudadano común no logra comprender. Quizás es una estrategia de rotación preventiva tomada de los mejores manuales de Silicon Valley. O quizás —solo quizás— la montaña rusa simplemente no tiene frenos, y nadie en el vagón de adelante quiere admitirlo.

Y si mañana usted despierta con su nombre en un decreto de nombramiento, no se emocione demasiado: disfrute el día, conozca a sus colegas, y deje escrito el correo de salida. Lo va a necesitar antes de lo que cree. Pregunte a Renato Münster.

 
 
 

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