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El Hombre de la Capa: Una Oda a la Coherencia



Hay políticos que nos dan esperanza. Hay otros que nos dan risa. Y luego está el diputado Javier Olivares (PDG), que nos da algo mucho más raro y valioso: material.

En plena primera lluvia del año, el parlamentario por el Distrito 6 apareció en terreno recorriendo Valparaíso con una capa gris y gafas oscuras que, para muchos, evocaron de inmediato la imagen del dictador Augusto Pinochet. Olivares, por supuesto, negó todo. Alegó que simplemente le gustaba la capa prusiana y que se trataba de un invento de los medios. Claro. Un invento. Como la lluvia que lo llevó a ponérsela, también inventada, sin duda, por el periodismo radical de izquierda.


Pero aquí viene lo verdaderamente sublime de esta historia, el detalle que la eleva de simple anécdota a obra maestra del arte político contemporáneo: el proyecto "Escuelas Protegidas", que el diputado apoyó con entusiasmo, obliga a los reglamentos internos de los establecimientos a prohibir el uso de elementos que dificulten la identificación de los estudiantes, como capuchas, gorros o pasamontañas.


Léalo de nuevo. Despacio.


El diputado que dice que tiene todo el derecho del mundo a cubrirse con una capa que le tapa el cuerpo entero votó a favor de prohibirles a los escolares que usen capucha. La lógica es impecable: los niños de 14 años en un liceo de Quilpué son una amenaza cuando se tapan la oreja con una polera. Un parlamentario adulto con una capa prusiana gris idéntica a la de un dictador es simplemente un hombre con buen gusto.

En la Cámara, al ser emplazado por la diputada Consuelo Veloso, Olivares respondió con serenidad y altura de miras: "Y si quiero el día de mañana venir vestido de Barney, puedo venir vestido de Barney, porque es parte de lo que yo quiera hacer". Brillante. La libertad individual, ese principio sagrado, aplica con toda su fuerza cuando se trata de un diputado eligiendo su guardarropa. Para un adolescente eligiendo si ponerse la capucha de su polar, en cambio, la cosa es diferente. Ese es un asunto de seguridad nacional.


El diputado incluso adelantó que seguirá usando la prenda: "Que se prepare porque pronto vendré vestido nuevamente con mi capa". Un hombre de convicciones. De las convicciones que le convienen, claro, que son las mejores.

Al ser consultado en un matinal sobre la sensatez de vestirse con una capa que emula a una figura divisiva para el país, Olivares calificó el trabajo del periodista como "periodismo radical de izquierda". Porque claro, preguntar cosas es radical. Responderlas, eso sí, claramente no es obligatorio.


La verdad es que Olivares nos ha regalado algo que la política chilena rara vez produce: una metáfora perfecta. Un hombre literalmente envuelto en un símbolo que prefiere no ver, diciéndoles a los demás que se descubran la cara. Un parlamentario que grita "¡yo me visto como quiero!" mientras legisla sobre lo que otros pueden ponerse.

Si quiere venir de Barney, que venga de Barney. Pero que no se sorprenda si alguien le pide que se identifique.

He dicho, señor presidente.

 
 
 

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