Ni facho ni comunacho, pero : ¿Siempre buenos muchachos? El caso del PDG
- Moisés Felipe Jorquera Apablaza
- 20 abr
- 8 Min. de lectura

Diagnóstico
Existe en la política chilena un fenómeno que los analistas políticos no han podido precisar. El PDG no es un partido de izquierda, no es un partido de derecha. No tiene ideología, no tiene historia, no tiene coherencia programática y, en algunos momentos, da la impresión de no tener ni vergüenza. Se llama Partido de la Gente. Y "la gente", hay que decirlo, lo sigue votando como 3ra fuerza política en la última elección presidencial(Y eso que Franco Parisi andaba en modo Zordon), lo que dice más sobre el estado de la democracia chilena que cualquier columna que uno pueda escribir.
Pero no nos desviemos. Hay novedades.
I. El origen del mito. ¿A lo Prometeo, a lo Zeus o a lo Hades?
Repasemos el catecismo del PDG, porque conviene tenerlo a mano para cuando la realidad lo contradiga, que es siempre. El Partido de la Gente nació el 13 de diciembre de 2019 como una "propuesta ciudadana, independiente y transversal." Sus estatutos, lo definen como un "partido nacional ciudadano, independiente, regional, transversal, sin ideologías políticas, autofinanciado." Sin ideologías políticas. Léase de nuevo. Sin ideologías políticas. El único partido del mundo que se jacta de no saber qué piensa. Una especie de termómetro político que mide la temperatura del cuarto pero se niega a decir si hace frío o calor, porque depende de quién pregunte y qué esté dispuesto a ofrecer a cambio de la respuesta.
Su fundador, Franco Parisi, lanzó el partido desde Estados Unidos, donde estaba en modo Zordon, ahí es donde reside permanentemente por razones que sus fanáticos prefieren no discutir con detalle. En 2021, después de quedar tercero en primera vuelta presidencial, Parisi y el PDG decidieron apoyar para la segunda vuelta al candidato del Frente Social Cristiano, José Antonio Kast. El tipo que prometía no ser de derecha apoyó al candidato más a la derecha del espectro. Detalles, dicen sus seguidores. Pragmatismo, se corrigen solos.
II. La paradoja de Jiles, o cómo meter al lobo a guardar las ovejas
Para entender lo que el PDG es hoy, hay que hablar de Pamela Jiles.
Pamela Jiles es una mujer que integró el Partido Comunista y el FPMR. Vivió en Cuba. Ha apoyado al chavismo, entrenó militarmente según sus propias declaraciones, y fue durante años la principal impulsora de los retiros de fondos previsionales, donde con su ímpetu, corrida a lo Naruto y su capa, consiguieron el rechazo desde los economistas ya que generó un impacto al largo plazo, negativo hacia la economía del país. Una trayectoria, digamos, inequívocamente ubicable en el mapa político. Hasta que decidió que ese mapa ya no le servía.
Porque Jiles dejó el PC, vagó por varios proyectos políticos, se convirtió en la crítica más feroz del gobierno de Gabriel Boric —el gobierno de izquierda— y terminó militando en el partido que "no tiene ideología." El círculo se cierra. El comunacho entra al partido que no es comunacho, y así el partido que no es comunacho tiene como figura más visible a alguien que fue comunacha. La lógica es impecable si uno toma suficientes analgésicos.
Pero la historia se pone buena de verdad en marzo de 2026.
El PDG, junto a la Democracia Cristiana y el oficialismo saliente de Gabriel Boric, anunció un solemne acuerdo para que Pamela Jiles asumiera la presidencia de la Cámara de Diputados durante el primer año del nuevo período legislativo. El partido sin ideología, que apoyó a Kast en 2021, se metió a la cama legislativa con el PC, el Frente Amplio y la DC para instalar como presidenta de la Cámara a una exmilitante del FPMR. Todo en un mismo párrafo. Todo con cara seria.
La exministra del Interior Carolina Tohá calificó la nominación de Jiles como "insólita," cuestionando el historial de enfrentamientos de la parlamentaria con el gobierno saliente. "Insólita" es, en vocabulario de exministra, lo que en vocabulario de calle sería "¿están todos bien de la cabeza?" Pero el pragmatismo manda. El partido sin ideología pactó con la izquierda. El partido que critica a la izquierda propuso a una exizquierdista para presidir la Cámara. Y la izquierda, que había sufrido con Jiles durante años, aceptó votarle porque necesitaba los escaños del PDG para sobrevivir en el nuevo Congreso.
Chile, un país hermoso y generoso con los que no son ni fachos ni comunachos (?).
III. El mártir de Viernes Santo, o la historia de Cristián Contreras
Aquí entra nuestro protagonista.
Cristián Contreras, conocido públicamente como "Dr. File," es periodista, escritor, doctor en Filosofía de la Ciencia y la persona que, sin proponérselo, terminó siendo el espejo en el que el PDG se miró y no le gustó lo que vio, donde entró a los círculos del infierno que tanto discutía en ataño junto al profesor Hugo Zepeda, donde Contreras decía que en el círculo 2 del infierno se encuentran los traidores, ¿Habrá sido una crónica de una muerte anunciada el no alinearse con su partido respecto a la Presidencia de la Cámara de Diputados?
Contreras fue electo diputado por el Distrito 8 , después de haberse ido a Egipto a imbuirse con la Cruz de Thot y Ankh, en las elecciones parlamentarias de 2025 y llegó al Congreso representando al Partido de la Gente. Se presentó como alguien diferente. Presentó proyectos de ley propios. Pensó con cierta ingenuidad que eso era parte del trabajo. Se equivocó.
El día de la elección de la mesa directiva de la Cámara, mientras Franco Parisi en persona llegó hasta el Congreso a alinear a sus parlamentarios para que votaran por Jiles, Contreras emitió su voto por Juan Marcelo Valenzuela, jefe de bancada del propio PDG. No votó por la derecha. No votó por el oficialismo de Kast. Votó por su propio compañero de partido. Eso, en el PDG, es herejía.
El resultado fue devastador para el acuerdo: Alessandri obtuvo 78 votos y venció a Jiles, que logró 75. Tres descolgados rompieron el pacto. Contreras fue uno de ellos, aunque el suyo fue el más honesto de todos: votó por alguien de su propio partido.
La respuesta del PDG fue fulminante. A través de una declaración pública, el bloque parlamentario comunicó formalmente que Contreras ya no formaría parte de sus filas legislativas, calificando la medida como una "reestructuración de importancia" por "falta de sintonía estratégica." "Falta de sintonía estratégica." Qué elegante. Qué institucional. Qué absolutamente vacío de sentido si uno se detiene más de quince segundos a analizarlo.
La respuesta de Contreras fue más directa. "Mi expulsión es injusta. Mi única diferencia fue no haber votado por Pamela Jiles como presidenta de la Cámara. No quiero entrar en polémicas, pero sí exigir transparencia", sentenció.
Deténgase aquí. El partido que no es comunacho expulsó a un diputado por no haber votado por la exmilitante del Partido Comunista para presidir la Cámara. Repítalo hasta que le haga sentido, porque a nosotros todavía no nos lo hace.
La versión oficial, naturalmente, fue otra. Parisi salió a los medios a explicar que Contreras "ha faltado al 25% de las sesiones," como si ese fuera el verdadero pecado capital y no el pequeño detalle de haberle arruinado el negocio parlamentario al partido. Es conmovedor el nivel de seriedad institucional con que Parisi defiende la asistencia al Congreso desde su residencia permanente en el extranjero. La coherencia, siempre tan presente.
Contreras, lejos de rendirse, respondió que "la bancada en Viernes Santo intentó crucificarme. Hoy día estoy resucitando," señalando además que el secretario de la Cámara le había confirmado que la bancada no tenía atribuciones reglamentarias para expulsarlo. ¿Habrá tenido siones mesiánicas a lo Miguel Ángel, el "vidente " de Villa Alemana para trascender en su pensamiento y acción política?
Un diputado del partido sin ideología comparándose con Cristo resucitado. Esto ya no es política, esto es ópera.
IV. La disciplina de hierro del partido sin ideología
Pero la historia de Contreras no es un accidente. Es un síntoma.
Porque el PDG, que dice no tener ideología, sí tiene algo que los partidos ideológicos envidiarían: una disciplina de voto feroz que se aplica selectivamente según quién manda en cada momento. El jefe de bancada Valenzuela fue explícito al respecto: "Hemos descubierto que el camino de la unión, de la disciplina, fortalece a aquellos representantes que estamos cuidando los intereses de la clase media. Por tanto, hemos tomado medidas. Cuando hemos visto que algún proyecto se quiso desalinear, hoy día hay liderazgo, tomamos medidas correspondientes."
"Tomamos medidas correspondientes." El eufemismo del año. Traducido al español corriente: vota como te digo o te pasa lo que le pasó al Dr. File.
La ironía perfecta es que esta disciplina de hierro se aplica en un partido que se vende como la alternativa a la política de los aparatos, de los jefes de partido que mandan desde arriba, de los acuerdos cupulares que no representan a nadie. El PDG es exactamente eso, pero con better branding.
V. El coqueteo de la ley de Kast, o el tango eterno del fiel de la balanza
Y llegamos al presente, que es donde el cuadro se vuelve verdaderamente surrealista.
Hoy el gobierno de José Antonio Kast necesita votos para su Ley de Reconstrucción Nacional. La correlación de fuerzas en la Cámara es muy ajustada: el oficialismo y el Partido Nacional Libertario suman 76 votos, mientras que la oposición, la DC y el PDG tienen 79. Por tanto, La Moneda necesita seducir al PDG.
El gobierno de derecha que nació de los votantes que odiaban a Boric necesita al partido que apoyó a Boric antes de odiar a Boric antes de pactar con quienes apoyaban a Boric.
Parisi, fiel a su estilo, declaró que recomendaría a su bancada rechazar el proyecto. "Este fue un proyecto bastante apuradito y no está siendo analizado a cabalidad," dijo, sugiriendo además "desmembrarlo." Sonó firme. Sonó principista. Duró aproximadamente cuarenta y ocho horas.
Pese al llamado de Parisi a rechazar, los propios diputados PDG comenzaron a desordenarse, con al menos uno de ellos —el diputado Olivares(Javito toca doble)— confirmando que votaría a favor de la idea de legislar. El partido sin ideología, cuyo líder pedía rechazar, tenía diputados que querían aprobar. Los mismos diputados que expulsaron a Contreras por votar diferente estaban votando diferente a Parisi. La lógica interna del PDG es un enigma que Sherlock Holmes habría abandonado a la segunda página, un enigma que ni Carlos Pinto tras el humo que aparece en "Mea Culpa" ha podido resolver.
Desde la bancada declararon con toda la solemnidad del mundo que "el PDG no está para hacer piedras de tope, pero tampoco para entregar cheques en blanco," que es otra manera de decir: "páganos bien y veremos." El partido de la clase media convertido en el partido del mejor postor. Pragmatismo, repiten. Transversalidad, insisten. Nostalgia por la coherencia, murmuramos nosotros.
VI. La clase media como comodín permanente
Cada vez que el PDG necesita justificar una acusación, una alianza incomprensible o una expulsión injustificable, invoca a la clase media. Es su escudo, su argumento, su refugio y su marca registrada. Pactan con el PC: es por la clase media. Se oponen al gobierno de Kast: es por la clase media. Apoyan parcialmente al gobierno de Kast: es por la clase media. Expulsan a Contreras: es para proteger los intereses de la clase media, que aparentemente se verían amenazados por un diputado que votó por su propio jefe de bancada.
La clase media chilena lleva años siendo utilizada como argumento por todos los partidos y como beneficiaria real de ninguno. Pero nadie la usa con tanta frecuencia y tanta desfachatez como el PDG. La clase media del PDG es como el "pueblo" de los discursos bolivarianos: siempre presente en el argumento, nunca demasiado visible en los resultados.
VII. El diagnóstico final
El PDG ha descubierto el modelo de negocios más eficiente de la política chilena contemporánea: posicionarse permanentemente como bisagra, como fiel de la balanza, como el voto que todos necesitan y nadie puede dar por sentado. En esa posición se puede cobrar a izquierda y a derecha, expulsar a quien no siga la línea, hacer pactos con los comunistas el martes y con los del gobierno el jueves, y siempre, siempre, decir que todo se hace por la clase media.
El caso Contreras es revelador precisamente porque desnuda el mecanismo: la única transgresión real del diputado fue romper la disciplina en el momento en que la bancada estaba cobrando su ficha. No pensó distinto al PDG en materias programáticas. No traicionó a los votantes de la clase media. Simplemente votó por su propio compañero en vez de por la candidata que le reportaría dividendos al partido. Y eso, en el PDG, es imperdonable.
El partido que no tiene ideología sí tiene algo muy claro: un precio.
Y mientras Chile discute si la reconstrucción de Kast favorece a los ricos, si la izquierda tiene futuro, si la derecha tiene corazón, el PDG está sentado al centro de la mesa, mirando hacia ambos lados, esperando que alguien pague la cuenta.
Sin ideología. Sin coherencia. Sin vergüenza.
Pero eso sí: con clase media en la boca y calculadora en la mano.





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