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El diputado que trabaja desde el aeropuerto

Total con baile y muevo la colita y se olvidan de todo
Total con baile y muevo la colita y se olvidan de todo


I. El servicio público como turismo de intereses especiales


Hay políticos que entienden la representación popular como un sacerdocio: reuniones interminables con juntas de vecinos, terreno bajo la lluvia, la vida entera puesta al servicio del distrito. Y después está Hotuiti Teao, diputado por el Distrito 7, quien parece haber encontrado una interpretación más generosa —y considerablemente más aérea— de lo que significa "representar a la gente". La suya es una vocación de horizontes amplios: Estados Unidos en junio, Francia e Inglaterra en julio, con una escala reciente por Brasil que ya casi ni se menciona, de puro anecdótica que resulta al lado de lo que vino después.

El resultado, contado por la prensa esta semana, tiene la elegancia brutal de un dato aislado: en julio, el diputado asistió diez días a la Cámara. Diez. El resto del mes transcurrió, según los registros de viaje que él mismo notificó a la testera, en algún punto entre el Charles de Gaulle y Heathrow, mientras sus electores en Valparaíso, Viña del Mar o Isla de Pascua administraban solos los asuntos que, se supone, motivaron su elección.


II. La semana distrital, reinventada

Conviene explicar el concepto para quienes no viven pegados al reglamento de la Cámara: la semana distrital es ese período mensual, sagrado en el papel, en que los diputados dejan Valparaíso y el Congreso para ir a "hacer terreno" —escuchar a la comunidad, resolver problemas concretos, ese tipo de cosas anticuadas que hacía la política antes de que existiera el jet lag como excusa institucional. Teao ha decidido, con una consistencia casi admirable, usar exactamente esas semanas para abandonar el país. No una vez. Dos meses seguidos.

La comparación con el affaire Kunstmann —el diputado que se fue de vacaciones a República Dominicana y después explicó, con la lógica imbatible de quien no necesita convencer a nadie, que su trabajo parlamentario era "de lunes a miércoles"— resulta casi inevitable, y no porque los hechos sean idénticos, sino porque el patrón es el mismo: la semana distrital entendida no como una obligación, sino como una laguna reglamentaria que conviene aprovechar antes de que alguien la cierre.


III. De Gigantes con Vivi a gigante ausente

Para entender el fenómeno hay que ir un poco más atrás en la biografía. Antes de ser diputado, Hotuiti Teao fue modelo, y su debut en pantalla fue nada menos que en Gigantes con Vivi, la sección chilena de Sábado Gigante, un espacio cuya principal exigencia laboral consistía en aparecer, verse bien y sonreír en el momento justo. No hacía falta un discurso, ni un proyecto de ley, ni una comisión: bastaba con la presencia física, bien iluminada, durante el tiempo que durara el bloque.

Visto así, el patrón de julio no es una novedad, sino una continuidad de carrera. La lógica de "estar el tiempo mínimo indispensable y dejar que la cámara —en este caso, la de Diputados— haga el resto" es, en el fondo, la misma que aprendió frente a las cámaras de televisión: uno se sube al set, cumple su parte breve y luminosa, y se retira antes de que empiece lo aburrido. La diferencia es que en Sábado Gigante eso se llamaba modelaje, y aquí se supone que se llama representación popular. La reconversión profesional, hay que reconocerlo, fue impecable: cambió el estudio de Vivi Kreutzberger por el hemiciclo, pero conservó, intacta, la relación con la asistencia.


IV. El territorio que nunca fue

Antes de instalarse cómodamente en su actual distrito costero, Teao probó suerte en 2013 como candidato a diputado por el que hoy correspondería al distrito 6, esa vasta zona interior que incluye a Quillota y sus alrededores. Obtuvo un discreto 13% de los votos y no resultó electo, lo cual, revisando el itinerario posterior del personaje, quizás no fue tan mala noticia para los vecinos de esa zona: uno se pregunta si en su breve paso como aspirante llegó a pisar siquiera Pocochay, o si alguna vez le mencionaron a alguien de Los Rojas, o si supo, en algún momento de esa campaña, que existía un sector llamado Huape. Porque a juzgar por lo que vendría después con la semana distrital de Valparaíso, cuesta imaginar que el Quillota profundo haya sido, para él, algo más que un nombre en la papeleta electoral. Larga fue Chile la que se ahorró, aparentemente, un representante para quien el territorio importaba menos que el itinerario de vuelos.


V. El silencio como estrategia comunicacional


Lo más elocuente del caso no son los viajes en sí —cualquiera necesita, de tanto en tanto, un descanso de la abnegada tarea de legislar— sino el manejo posterior. Un reportaje periodístico intentó contactar al diputado o a su equipo para que explicaran el viaje a Francia. No hubo respuesta. Ninguna. Lo cual es notable en un político que, según se consigna, mantiene una presencia activa y opinante en redes sociales sobre la agenda legislativa nacional, pero que aparentemente sufre una amnesia comunicacional selectiva apenas el tema es su propia agenda de vuelos.

Es una estrategia con cierta lógica interna: explicar exige admitir que hay algo que explicar. El silencio, en cambio, no compromete a nada, y tiene la ventaja adicional de que —como bien saben en la Cámara— los descuentos a la dieta parlamentaria solo se aplican cuando el diputado falta a sesiones de sala, no cuando falta a la semana distrital. Es decir: el sistema castiga la ausencia donde hay cámaras y taquígrafos, y es notablemente permisivo con la ausencia donde solo hay electores esperando.


VI. Una carrera de contrastes

Hay algo casi poético en que sea precisamente este diputado quien, hace apenas meses, presentara una queja formal ante la Comisión de Deportes porque un grupo de autoridades —ministros, delegados— no se dignó a asistir a una sesión que él mismo había convocado. En esa oportunidad, Teao fue elocuente: la ausencia de esas autoridades, dijo, ponía en riesgo la seguridad de la gente que va a los estadios, porque para eso están las autoridades, para cumplir su rol.

Nadie le discute el argumento. El problema es la aplicación selectiva del principio: la inasistencia ajena es una falta grave que merece carta de reclamo oficial; la propia es, como mucho, un oficio protocolar enviado con la antelación reglamentaria y punto final. Cumplir la letra del artículo 34 —avisar el viaje, pedir el permiso correspondiente— no es lo mismo que cumplir el espíritu de un cargo que existe, se supone, para estar presente.


VII. Epílogo desde la sala de espera

No hay ilegalidad en nada de esto, y ahí radica lo interesante: todo el episodio ocurre dentro de las reglas, lo cual dice menos sobre Hotuiti Teao y más sobre un reglamento que castiga la falta a sesión y es indiferente a la falta al distrito, como si el trabajo parlamentario terminara donde termina la votación y no existiera vida —ni electores— más allá del hemiciclo. Mientras tanto, en la Cámara ya se estudia una norma para impedir este tipo de viajes en semana distrital. Avanza, eso sí, "poco", según reconoce el propio presidente de la comisión a cargo, ocupada como está en asuntos con mayor urgencia.

Así que, por ahora, el Distrito 7 seguirá siendo representado a control remoto, con actualizaciones ocasionales vía redes sociales sobre la coyuntura nacional, publicadas —hay que suponer— entre escala y escala.

 
 
 

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