top of page

El Gran ¿Ofertazo?. Prometieron ahorrar y se endeudan en más de 6200 Millones de Dólares


La ecuación más honesta del Gobierno de Kast: recortar el gasto público hasta el hueso para ordenar las finanzas del país y, el mismo día de la Cuenta Pública, firmar un proyecto de ley que aumenta la deuda del Estado en US$6.200 millones. La aritmética no es ideología. Es aritmética.


Hay que ser justos con el Presidente Kast: cumplió al menos una parte de su promesa de campaña. Dijo que iba a recortar el gasto público en US$6.000 millones en 18 meses. Y efectivamente está recortando. Lo que no prometió —o al menos no con la misma energía, ni con el mismo pin de banderita— es que el mismo día en que explicaba ese recorte al Parlamento, en la tarde, ya de regreso al palacio de Cerro Castillo, firmaba un proyecto de ley para aumentar la deuda del Estado en US$6.200 millones.


Tómese un momento. Respire. Vuelva a leer.


El plan era recortar seis mil millones para ahorrar. El resultado, por ahora, es que se recortó parte de eso, y se pidió prestado más de lo que se recortó. La operación neta, para el que prefiere los números a las palabras, es negativa. En el sentido literal del término.


El Gobierno tiene una explicación, naturalmente. La tiene muy ordenada, con informe técnico incluido. El Informe de Finanzas Públicas del primer trimestre —que en el lenguaje ciudadano se llama "el parte médico de la economía"— reveló que el déficit fiscal es mayor al proyectado, que hay compromisos de gasto no considerados, que el tipo de cambio presiona el costo de la deuda en dólares, y que la caja del Fisco está ajustada. Todo muy razonable. Todo muy técnico. Todo, curiosamente, descubierto después de asumir el poder.


Esto tiene nombre. La exdirectora de Presupuestos Cristina Torres lo dijo sin eufemismos: el Presupuesto 2026 fue construido "con ingresos sobreestimados y con un gasto que no reflejaba todos los compromisos existentes". En buen chileno: se hizo el Presupuesto con los números que convenía mostrar en campaña, no con los números reales.


Porque hay que recordar que la cifra de US$6.000 millones no fue siempre US$6.000 millones. En plena campaña electoral, el asesor económico de Kast, el mismo Jorge Quiroz que hoy es Ministro de Hacienda, amplió la apuesta: en realidad el ajuste sería de US$21.000 millones en los cuatro años de gobierno. La candidata Evelyn Matthei —no exactamente una voz de la izquierda— calificó eso de "total y absolutamente imposible" y advirtió que provocaría "un terrible daño a la economía". La abanderada del oficialismo Jeanette Jara fue directa: "Primero iba a reducir seis mil millones, que ya afectaba el gasto social, y ahora quiere reducir veintiún mil millones. Eso me preocupa porque esto es un poco más serio que hacer apuestas."


Las apuestas, finalmente, se transformaron en un proyecto de ley. Con urgencia suma. Ingresado a la Cámara el 2 de junio de 2026. Para pedir prestado lo que no se pudo ahorrar.


Pero la historia tiene otro capítulo que merece su propio párrafo, escrito en mayúsculas si fuera posible: la reforma tributaria. El proyecto estrella del Gobierno propone reducir el impuesto corporativo del 27% al 23%. Gradualmente. Con invariabilidad tributaria de 25 años para las empresas. El Consejo Fiscal Autónomo —organismo técnico, no político— calculó que la reforma implica una reducción equivalente a 0,73 puntos del PIB en recaudación para 2030. Economistas opositores la tradujeron a cifras más cotidianas: US$4.000 millones anuales menos de ingresos fiscales. Los beneficiados directos serían, según esos mismos análisis, aproximadamente 1.500 personas del 0,001% más rico del país, con un ahorro promedio cercano al millón de dólares anuales por cabeza.


La lógica del Gobierno es que esa baja impositiva estimulará la inversión, que generará crecimiento, que generará más recaudación, que tapará el hueco fiscal. Es la teoría del derrame tributario: reducir impuestos a los que más tienen para que la riqueza baje sola hacia los que menos tienen.


Es también, según el Consejo Fiscal Autónomo, una apuesta cuyos beneficios "dependen de ingresos futuros asociados a un mayor crecimiento, cuya materialización es incierta", mientras que los costos fiscales "son inmediatos y seguros". En lenguaje llano: los ricos ya no pagan desde mañana. Si el crecimiento llega, lo veremos en 2035.


Y aquí está el nudo del argumento que la imagen de los dos señores con tijeras ilustra mejor que cualquier informe técnico: se recorta por un lado, y se pide prestado por el otro. El ahorro prometido al pueblo no alcanza a cubrir la deuda que se está generando. El déficit que se prometió corregir a fuerza de tijera —de 3,7% del PIB en 2025, "más del doble de lo comprometido", según las propias palabras del Presidente— seguirá deteriorándose, porque la reforma que se propone para crecer reduce los ingresos del Estado antes de que llegue el crecimiento prometido.


Según las proyecciones de Dipres, la deuda bruta del Gobierno Central llegaría a 43,1% del PIB en 2026, subiría a 44,4% en 2027, y superaría el umbral prudente del 45% en 2028. El umbral que el propio Estado chileno definió como límite de sostenibilidad. Para 2030, la deuda proyectada llegaría al 46,5% del PIB. Todo esto bajo el gobierno que prometió "ordenar las cuentas públicas".


Frente a todo esto, la imagen del inicio cobra otro sentido. Dos hombres con tijeras. "Recortamos por un lado pero nos endeudamos por otro." No es un meme de oposición. Es el título que el propio Gobierno podría poner a su gestión económica en estos primeros meses. Porque la contradicción no está en los flancos: está en el centro de la política.


Y mientras el Congreso debate el proyecto de endeudamiento de US$6.200 millones ingresado "con suma urgencia" —el mismo Congreso al que el Presidente pidió apoyo para su megarreforma de rebaja impositiva—, 15 millones de chilenos esperan saber si la PGU, la gratuidad, el bono invierno y la colación del colegio seguirán llegando el mes que viene. El Gobierno dice que sí. Sus propios oficios internos, por ahora, dicen otra cosa.


Puede que al final todo cuadre. Que el crecimiento llegue. Que la deuda baje. Que los ricos inviertan. Que el derrame funcione. Que las tijeras solo hayan cortado "gasto ineficiente". La historia económica de varios países sugiere que eso raramente ocurre según el calendario prometido. Pero puede ser.


Mientras tanto, el cinturón aprieta en la cintura de siempre.


 
 
 

Comentarios


© 2025 @perilla.cl

    medio independiente

ESCÚCHANOS EN CUALQUIERA DE TUS DISPOSITIVOS

bottom of page