El Lobby



Contexto


Es preocupante saber que los partidos políticos en Chile están respondiendo a una ideología o forma de ver los contextos dinámicos en los cuales se está moviendo la sociedad, sustentados en principios y valores, ejerciendo como mediador entre la sociedad civil, en democracia real y no electoral, las nuevas figuras de representación electoral deben venir sustentadas desde un trabajo dentro del territorio apegado a las necesidades y oportunidades que se han brindado, el cambio del modelo más que venir con una retroexcavadora y fomentar los tecitos rebeldes, debe venir con mostrar un cambio desde la acción en el devenir de las organizaciones sociales; sean territoriales, funcionales u otras. Para ello, es clave considerar como un aspecto fundamental, el fomento en la participación en organizaciones sociales, ya que un estudio de Hermann & Klaveren (2016), demostró que:


“El concepto de democracia ha dado paso a debates sobre cuál es su significado práctico, de relevancia y de participación real.” (Hermann & Laveren, 2016, pág. 8).


El sistema democrático debe entenderse como un mecanismo mediante las ciudadanas y los ciudadanos tienen voz en las políticas que los afectan. La democratización es un cambio hacia una vinculación real entre lo civil, lo social y lo político. La ciudadanía debe ser agente activo y debe incluir mecanismos de inclusión social. Derecho a tener derechos, por ejemplo, la irrupción de las protestas estudiantiles de 2011, las marchas por NO + AFP, irrupciones sociales en función a las necesidades de las personas y también de cambios más estructurales.


La clave en el desarrollo práctico de la participación, según Aguilar y Navarro (2000), postulan que el nivel más idóneo para llevar a cabo experiencias de participación y de real aplicación de democracia representativa está en el nivel local o municipal, es decir, se hace necesario para el éxito real del centro político, potenciar a partir de líderes comunales, la aplicación de políticas que van ligadas firmemente a la doctrina, a la ideología y a la política.


El poder


Friedrich Nietzsche señala que el poder es bueno y se hace necesario para ejercer influencia, para ejercer presión, así se encuentra el aumento respecto al sentimiento de poder que el hombre necesita, lo voluntarioso que se transforma la manera de obtener el poder, como concepto aplicado es un concepto positivo bajo la mirada de su aplicación, pero el poder para Albert Einstein se transforma en el peor veneno que existe, cabe mencionar también sus discusiones respecto a la creación de la bomba atómica. Einstein señalaba que la Cuarta Guerra Mundial se llevaría a cabo con palos y de forma muy precaria, debido a la destrucción del mundo, mediante el mal uso del poder atómico.

Galbraith señala que, para organizar la sociedad bajo la perspectiva del poder, se deben considerar los siguientes tipos de ejercer el poder:

1. El poder como castigo.

2. El poder como premio.

3. El poder desde el empuje.


Para que una sociedad realmente funcione y pueda ejercer de manera concreta el poder, debe actuar bajo una mezcla de los tres conceptos anteriormente señalados, el problema ocurre cuando se aplica desde una lógica del ego, y no desde una lógica del poder para aportar, encontrar la legitimidad del poder es la clave para democratizar las decisiones respecto a la mejora en la gestión a partir de la cooperación de los distintos agentes dentro de los distintos territorios.


El Lobby


En los tiempos que corren, el vocablo “Lobby” aparece en la prensa y en el debate público con inédita frecuencia. Esto no siempre fue así. La masificación del concepto ha conllevado también una evidente laxitud en el uso de los términos. Se abusa de la expresión “lobby” y “lobbista” a menudo, asignando categorías legales a quienes no corresponde. A la vez, se vulgariza el sentido institucional de lo que significan el lobby y los lobbistas. La regulación de la actividad, entonces, requiere de un sentido estricto del uso de los conceptos legales. En este sentido, la ley 20.730 ha entregado importantes definiciones que permiten diferenciar una conducta de la otra y unos sujetos de otros.


La importancia de las reglas y su análisis debe, a la vez, hacerse cargo de los vacíos institucionales que dejado la ley 20.730. De ahí que sea importante entender la historia de la legislación vigente, así como las recomendaciones que ha efectuado la llamada Comisión Engel sobre este asunto.


La regulación del lobby, como problema jurídico, se vincula estrechamente con otras áreas de las ciencias sociales desde dónde es útil extraer mapas conceptuales y preguntas de investigación. En la ciencia política, el trabajo seminal de Arthur Bentley en 1908 examinó el concepto de “actividades de grupo” construida para describir la influencia de sujetos colectivos sobre el proceso de gobierno y administración. Su libro The Process of Government es recurrentemente citado como la primera obra en diseñar un lugar para el lobby en la teoría de la administración. Más recientemente, en las décadas del 60 y del 70 el profesor Robert Dahl ha popularizado una arquitectura conceptual, donde los grupos articulados debieran tener igual capacidad de influencia sobre el proceso legislativo y de construcción de políticas públicas.


Actualmente, una creciente vertiente analiza los “grupos de interés” y su rol en la democracia representativa. Ya en 1977, el profesor de Yale Charles Lindblom expresaba un crudo diagnóstico sobre el desmesurado poder que habían cobrado algunos grupos de interés. Paralelamente, en el Reino Unido el profesor de la London School of Economics, Ralf Miliband, sostenía que los grupos de interés más influyentes constituían verdaderas anomalías del modelo de la democracia representativa, consecuencias naturales, diría Miliband, del sistema capitalista. Este escepticismo fue cobrando vitalidad en la medida que avanzaron los años y en que la proliferación de los llamados “conflictos de interés” fue copando la prensa en todo el mundo.


Pensar el rol de los grupos de interés en las democracias implica distinguir los fines que persiguen, de ahí que la ciencia política sea útil. Watson y Shackelton clasificaron estos intereses en privados y públicos, según el grupo en cuestión tiene un interés de lucro (profit) o no. Esta es una distinción importante que, como veremos, también está presente en la legislación chilena de lobby. Dentro de los intereses que cada grupo persigue, Chari y Kritzinger distinguen entre los intereses profesionales, económicos y públicos. Esta distinción se sirve de un cajón de sastre, al utilizar el concepto “público” para englobar todo aquello que no es ni profesional, es decir que no incluye a los colegios profesionales ni económico, es decir que no incluye a los gremios. Sin embargo, la distinción también es útil para observar cierta vaguedad en el lenguaje que se utiliza para describir el creciente rol de fundaciones, corporaciones y ONGs sobre los procesos de toma de decisión a nivel administrativo.


En un sentido sociológico, la regulación del lobby y sus prácticas relacionadas tiene un estrecho vínculo con el estudio de las elites. Esto se refiere, fundamentalmente, a comprender las prácticas y entendimientos tácitos que operan en los sujetos sociales que tienen influencia en la toma de decisiones en una sociedad determinada. El estudio de las elites no es un interés reciente en las academias. Durante el siglo XIX germinó como preocupación de la filosofía política, un fenómeno que hoy ha derivado en una sub-disciplina dentro de las ciencias sociales. Los primeros ensayos sobre la ostentación de las elites, o su aproximación a la moralidad pública y la producción de disparidad social, fueron todos nutridos por las tempranas intuiciones de Platón y Aristóteles. Durante la modernidad, el diagnóstico marxista que divide la sociedad en dos clases penetró inexorablemente en los estudios sobre la elite. La literatura inspirada en Marx ha convivido durante dos siglos con acercamientos alternativos. Tal es el caso de Herbert Spencer, que hoy es catalogado como uno de los precursores de una teoría sociológica de las elites. Spencer aplicó la teoría de la evolución de Darwin a la sociedad moderna. En su principal obra de ocho tomos titulada “Principios Sociológicos”, el autor establece que la sociedad puede ser clasificada en términos de diferenciación e integración. A diferencia de Marx, la tendencia de complejización de dicho proceso puede ser discernida a través de la observación de variables como dirección, títulos, bagajes o costumbres, y no solo en la acumulación de dinero y medios de producción. Esto es fundamental, ya que nos introduce a uno de los elementos cruciales que constituyen a las élites: la diferenciación.


El lobby se traduce en como la riqueza se concentra y no se involcra solamente con la riqueza material, sino con la riqueza desde el ejercer el poder, esto genera principalmente una desvalorización de la democracia como un sistema que entregue buena intermediación entre lo público y lo privado, por lo mismo se debe regular y explicación la regulación vigente en relación a la relación entre por ejemplo, las inmobiliarias y los planos reguladores. La elite concentra el poder, pero luego hay otras sub zonas donde se administra la información, los contactos y el conocimiento acumulado entre lo estatal y lo privado.




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