La mediocridad autoconvocada




"La mediocridad es más contagiosa que el talento", "Los espíritus mediocres suelen condenar aquello que no está a su alcance", miles de aforismos en relación a la mediocridad se han escrito y muchos más se ven en la escuela, en la universidad, en los partidos políticos, en los barrios, etc. El entorno influye también en la actitud que se tiene dentro de cualquier contexto social, una persona positiva con ideas para mejorar su entorno y pensar también en el bienestar común y compartir también este bienestar hacia el largo plazo, pero la autoconvocación de la mediocridad se hace latente cuando la negatividad, el poco entendimiento y también las ganas de no progresar hacen lo suyo, y muchas veces esta negatividad también influye en quienes tienen una actitud positiva frente a cualquier situación, ocasionando como resultado una derrota mental ante la falta de respuesta de su entorno.


Se supone que luego del propio "despertar" de Chile, la buena actitud y camino hacia el devenir por un Chile Consciente, deberían ocasionar las distintas instancias, elementos tales como: Satisfacción, involucración consciente, compromiso y también obtener una recompensa social, pero lamentablemente la mediocridad es una enfermedad que no tiene cura.


La mediocridad tiene origen cultural, ¿Cuántas veces hemos dicho que dejamos las cosas hasta última hora?, ¿Cuántas veces nos hemos burlado de quienes hacen y hacen, crean mientras la persona que más critica, es quien menos crea? Iré desde la raíz también filosófica-emocional que decantan también en este comportamiento, el humano se acerca día a día a su raíz animal y a su impulsividad, depreda sin pensar, actúa sin usar su mente y critica como si no hubiera un mañana. La identidad de una persona se forma en función de factores personales y externos, los primeros hacen alusión a las características innatas y experiencias personales de cada persona, mientras que los segundos hacen alusión a los factores del entorno familiar, culturas y étnico, por lo mismo se dan como resultado, tópicos identitarios, lo cual moldea la conducta de cada individuo.


La consciencia es el juez más veraz de todos, por lo mismo la dignidad y decencia del ser humano son obligaciones que hacen que el ser humano se eleve a partir de la responsabilidad y la autoexigencia, por lo mismo el no tener dignidad propia e incluso con los demás, resulta algo desechable e inmediato, pues se acepta la bajeza como algo propio y natural. El hombre mediocre es quien no usa su imaginación y su creatividad para luchar por un futuro, se vuelve sumiso, maleable y doméstico, es ciego, solidario y cómplice de los intereses que le transforman en un borrego. Un hombre mediocre entra en una lucha con las ideas por la envidia, opaca cada acción noble, porque sabe que dentro de su mediocridad existe admiración por parte del mediocre y también, sin esta mediocridad, el mediocre no existe y tampoco permitirá que se ponga delante de si.


La persona mediocre es una persona sin personalidad que se amolda frente al entorno social, está ubicado entre la imbecilidad y la genialidad, el hombre mediocre no piensa, sólo piensa lo que otros piensan, y dice lo que otros piensan sobre los demás. El hombre mediocre es quien se pierde en la multitud y que no se atreve a ser diferente. También cabe mencionar que la envidia es el arma que usa este hombre mediocre para lograr imponerse, pero no es más que nada un homenaje que la mediocridad le rinde al talento.


La mediocridad se vincula con la inercia y con la negligencia, hemos creado una cultura donde popularidad y likes se traducen en ser ejemplos, estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que la hemos aceptado como parte fundamental del funcionamiento de la sociedad y nos aleja de la calidad superior en el ser y en el hacer.

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