¿Volverías con Camila? Un reality se queda corto para tanto circo
- Moisés Felipe Jorquera Apablaza
- 14 jun
- 8 min de lectura
En Chile se presenta el reality más esperado del año: amor, imanes, empresarios asiáticos, sobres con efectivo y todo esto bajo el aval "democrático" de la elección popular de Senadores 2025. Y sin el aval de un canal de Televisión.

Hay momentos en la historia política de un país en que la realidad supera con tanta holgura a cualquier ficción concebible que uno se pregunta si el guionista no está abusando un poco. Si no está recargando la trama innecesariamente. Si no sería más verosímil, digamos, atenuar algún elemento: quitarle los empresarios chinos, o los imanes, o el escolta de Carabineros retirando propaganda en horario de servicio, o los sobres de efectivo coordinados por la secretaria, o las fotos íntimas filtradas en plena semana de acusaciones fiscales, o el ex que demanda 301 millones alegando que sacrificó su carrera para empujar la de ella. Cualquier cosa. Porque con todo eso junto en el mismo expediente, la historia no parece política chilena. Parece el argumento de una telenovela producida bajo los efectos de algo poco recomendable.
En un contexto donde se necesitan menos cámaras y más acciones, Mega anticipa que la jugada en los realities actuales sería la opción de volver con su ex, alguien en producción —con ese olfato fino para el espectáculo nacional que distingue a los verdaderos profesionales de la industria— tomó la decisión editorialmente correcta: Camila Flores y Percy Marín serían los participantes que este país necesita en ¿Volverías con tu ex? 2, considerando que el problema central de su relación es la convergencia simultánea de al menos cuatro investigaciones judiciales. Detrás de ellos, un fondo amarillo que —hay que decirlo— le da al conjunto una luminosidad casi cínica, como de campaña política bien financiada.
La pregunta del reality, en este contexto, no es sentimental. Es procesal. ¿Volverías con tu ex... o le cobras los 301 millones primero?
Capítulo I: La Cuota
Para comprender la magnitud del fenómeno Flores, hay que empezar por el principio. O más bien, por 2018. Ese año, según una denuncia anónima recibida por la Fiscalía Regional de Valparaíso en octubre de 2025, se habría iniciado un mecanismo que funcionó de forma sistemática hasta 2025, período en que se habría generado un perjuicio fiscal cercano a los 300 millones de pesos. El mecanismo tenía nombre propio, bautizado no por periodistas ni por la oposición sino por los propios funcionarios del Congreso: "la cuota Flores".
Recordar que Camila Flores llega al poder, tocada por la varita mágica de Percy Marín, eterno CORE de la Región de Valparaíso, Camila se veía acompañada con él, quien le lleva años, y además que deja su carrera política de lado por priorizar la de Camila, pero Camila con su presencia, estaba en todo evento social que se le cruzara por el camino; Casa Tinto, el Edén, Tauss Brau, entre otros, la conocieron desde sus inicios. Hay que reconocer que su esfuerzo, logró frutos al momento de ir como diputada y ser electa. Recordar además cuando ella salió electa, en el local de Votación del Colegio María Alonso Chacón, había gente que en Ella depositaba sus esperanzas de un Chile más justo, donde se referían de la siguiente manera en ese contexto: "Voté por la Camilita, porque es muy simpática y no usa blondon para su cabello rubio o rucio (?)".
Luego de esta introducción, volvamos al título de este capítulo. Recordar que el sistema era, en su arquitectura conceptual, de una elegancia notable. A trabajadores contratados con cargo al equipo parlamentario se les exigía entregar a la diputada una parte significativa de sus sueldos en efectivo. Ella no depositaba esos recursos en su cuenta, sino que con ellos pagaba —también en efectivo— gastos de orden personal. No es burocracia kafkiana. Es capitalismo de subsistencia aplicado al aparato público: el Estado te paga para que tú le pagues a ella. Un círculo virtuoso. Para ella.
La logística, naturalmente, requería coordinación. Entre los ejemplos citados en la denuncia se menciona el caso de un trabajador contratado por más de 2,6 millones mensuales que habría entregado regularmente 1,8 millones en efectivo. Es decir, el señor recibía un sueldo de parlamentaria para quedarse con el equivalente a lo que cobra un guardia de supermercado. El resto, en sobre. Yolanda Olfos, secretaria de Flores desde 2018, habría cumplido un rol clave, al encargarse de coordinar la recolección del dinero. Los comprobantes, a su manera, existían: conversaciones de WhatsApp que mostrarían la coordinación de la entrega de dinero, con mención de montos específicos y la entrega de sobres a través de la secretaria.
Cuando el caso estalló públicamente en abril de 2026, Flores afirmó que enfrentaría la situación con la tranquilidad de quien no tiene nada que ocultar y sugirió que el caso podría tener motivaciones ajenas al interés público. Es una respuesta clásica, depurada por décadas de uso parlamentario transversal. Su partido, Renovación Nacional, guardó discreción ejemplar hasta que ya no pudo: la directiva de la colectividad decidió enviar a la senadora al Tribunal Supremo del partido. No para sancionarla. Para estudiar el asunto.
En RN se estudian mucho los asuntos. Es la tradición. El OS9 de Carabineros allanó su oficina en el Congreso. La Fiscalía solicitó alzar el secreto bancario. La causa sigue reservada. Y Camila Flores sigue sentada en el Senado de la República, presidiendo la Comisión de Transportes. Uno asume que con tranquilidad.
Capítulo II: Los Imanes y la República Popular de Viña del Mar
Si "la cuota Flores" representa el pasado, los imanes representan el presente inmediato.
Y el presente inmediato es, si cabe, más imaginativo.
La senadora Camila Flores enfrenta una nueva controversia judicial luego de que un proveedor de su campaña al Senado la demandara por una deuda superior a 18 millones de pesos por la fabricación de 40 mil imanes publicitarios. Eso es mucho imán. Para referencia: 40 mil imanes, distribuidos en los hogares de la Quinta Región, habrían podido magnetizar la relación de aproximadamente la mitad de los refrigeradores de Valparaíso. Una operación de penetración de mercado político considerable.
Pero el origen del asunto es lo que realmente merece atención académica. La trama comenzó cuando Luis Villa Villar, asesor de empresarios chinos y cercano a la militante UDI María Ester Munnier, aseguró que fue contactado para ayudar a gestionar apoyo para la candidatura de Flores. En ese contexto, afirmó que puso en contacto al equipo de la entonces candidata con una imprenta de propiedad de su tío, Hugo Villar Lara, para la elaboración de material publicitario.
La trama comenzó cuando intermediarios políticos gestionaron que empresarios chinos costearan la propaganda, todo a cambio de obtener "línea directa" con la parlamentaria. El objetivo de los financistas extranjeros sería recibir tratos preferenciales para agilizar la tramitación de sus documentos en reparticiones públicas.
Hay que detenerse aquí un momento para apreciar la belleza conceptual del arreglo. Los empresarios chinos financian los imanes de campaña. A cambio, la senadora electa les agiliza trámites en servicios públicos. Es, en el fondo, un sistema de libre mercado aplicado al aparato del Estado: oferta, demanda y contactos. Adam Smith con matices orientales.
El problema fue que el pago de los asiáticos no se habría concretado debido a que la legisladora dejó de responderles el teléfono, obligando al dueño de la imprenta a demandarla directamente. La senadora dejó de contestar el teléfono. Técnica también conocida en otros ámbitos como ghosting, aunque aplicada aquí en su variante institucional: ghosting con fuero parlamentario. La acción judicial revela además que un escolta policial retiró parte del material desde la imprenta. Un detalle logístico que, en cualquier otro contexto, levantaría preguntas sobre el uso de recursos del Estado en campaña. En este contexto, es apenas el cuarto elemento más llamativo de la semana. E
Flores negó haber contratado nada. La Corte de Apelaciones de Valparaíso deberá designar un ministro para evaluar la admisibilidad de la demanda. El Servel, con esa serenidad casi budista que caracteriza a los organismos electorales cuando ya todo ocurrió, recordó que las deudas de campaña son obligación legal. Nadie llamó a los empresarios chinos para pedirles su versión. Probablemente porque tampoco les contestan el teléfono.
Capítulo III: El Ex, el Dolor y los 301 Millones
En enero de 2026, el mundo supo que Camila Flores y Percy Marín habían terminado. No lo supieron por un comunicado sobrio. Lo supieron porque Marín emitió un comunicado público afirmando haber sido víctima de maltratos, humillaciones y abuso de poder durante la relación, acusando que su exesposa habría utilizado su cargo para expulsarlo del hogar la madrugada del 15 de diciembre en presencia de escoltas de Carabineros, manteniéndolo sin contacto con su hija.
Flores calificó todo de calumnia grave. Mencionó la hija. Mencionó las instancias correspondientes. Y siguió adelante.
Percy, por su parte, no se quedó en el diagnóstico emocional. Presentó una demanda de divorcio culposo con compensación económica en la que solicita 301 millones de pesos, argumentando haber sacrificado su desarrollo profesional para impulsar la carrera de la senadora. Trescientos un millones. No trescientos. Trescientos uno. Ese millón adicional tiene algo de declaración de principios. De precisión contable. De hombre que llevaba tiempo haciendo el cálculo.
Entonces llegó junio, y con junio llegaron las fotos. La propia parlamentaria acusó que Percy Marín junto a otras personas estarían detrás de la filtración de imágenes de carácter sexual que la mostraban junto a su nueva pareja. La Brigada de Cibercrimen de la PDI habría llegado hasta la casa de Percy Marín, quien está siendo investigado por "fraude informático". Al revisar los equipos electrónicos, habrían encontrado evidencia asociada a las imágenes íntimas filtradas.
Marín respondió con un video. Largo. Cuidado. Confirmó la existencia de videos, aunque aseguró que fueron obtenidos de manera lícita a través de una plataforma a la cual ambos tenían acceso, como también las cuidadoras de su hija. Las cuidadoras de la hija también tenían acceso a la cámara de la habitación conyugal. Es una familia con políticas de transparencia muy particulares.
Percy Marín sostuvo además que existe el riesgo de que la divulgación pública de los antecedentes busque afectar las pruebas que sustentan su demanda de divorcio culposo, y que le resulta especialmente doloroso que cada vez que surge una investigación que afecta a su excónyuge se recurra a su nombre como una forma de desviar la atención. Cerró declarando que esa sería su primera y última declaración pública sobre el asunto.
Era su primera declaración pública larga. Antes había tenido otras. El país espera la definitivamente última con la misma confianza con que esperaba que los empresarios chinos pagaran los imanes.
Capítulo IV: El Nuevo Galán y la App de Lavado
En el centro de este triángulo procesal aparece Mauricio González Tobar. Asesor político chileno que trabaja junto a la senadora Flores, cuyo nombre ganó notoriedad en 2026 al ser mencionado en el contexto del proceso de divorcio. Además de su actividad política, ha sido vinculado al ámbito empresarial y figura como cofundador de LavameApp, una aplicación orientada a servicios de lavado de vehículos LavameApp.
En el Chile de los sobres de efectivo, los imanes sin pagar, las facturas con chinos desaparecidos y las fotos filtradas en medio de acusaciones fiscales, el nuevo asesor cercano a la senadora dirige una empresa que lava. Autos, se entiende. Pero la metáfora tiene una potencia que ningún novelista habría osado construir deliberadamente. Cuando la realidad se pone así de generosa, el humor político se vuelve redundante. Basta con informar.
Epílogo: El Afiche (que nadie encargó pero todos merecíamos)
Alguien, en algún rincón anónimo de internet —probablemente un ciudadano común con tiempo libre,buenas habilidades en Photoshop— tomó la plantilla oficial de ¿Volverías con tu ex? 2 de Mega y le insertó los rostros de Camila Flores y Percy Marín. El resultado es uno de los documentos políticos más honestos producidos en Chile en lo que va del año. Sin financiamiento irregular. Sin intermediarios. Sin empresarios chinos. Sin escolta retirando el material.
El montaje no necesita explicación porque la realidad ya hizo todo el trabajo previo. Un matrimonio que termina con denuncia de maltrato, orden de alejamiento, demanda de divorcio culposo por 301 millones, fotos íntimas filtradas, investigación por fraude informático y un video de descargo de veinte minutos que prometía ser el último pero que nadie creyó que lo sería. Eso no es una separación. Es una temporada completa con cliffhanger incluido.
Naturalmente, Flores y Marín no van a entrar a ningún reality. Ella tiene comisiones que presidir, secretos bancarios que resistir y empresarios chinos a quienes no contestarle. Él tiene abogados, equipos jurídicos y una primera-y-última declaración pública que actualizar según las circunstancias. Ninguno de los dos necesita un set de televisión.
Llevan meses dándole al país entretenimiento gratuito, en horario triple A, con producción financiada por el erario nacional.
El afiche es una broma. El caso no lo es. Y esa es, exactamente, la diferencia entre el humor político y la tragedia institucional: que en la tragedia nadie te pide permiso para usarte de chiste. No fue necesario entrar a un reality para hacer show para todos los chilenos.





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