"El extraño caso del Presidente y el niño: ni así peleaba con mis nueve hijos"
- Moisés Felipe Jorquera Apablaza
- 29 jun
- 6 min de lectura
Kast apuntando con vehemencia a un niño desconocido, asi no lo hacía con su 9 hijos
Hay momentos que la historia no olvida. El hundimiento del Titanic. El primer paso en la Luna. La caída del Muro de Berlín. Y ahora, con la misma solemnidad que el tiempo otorga a los grandes hitos de la civilización, debemos agregar uno más al catálogo: el 26 de junio de 2026, en Villarrica, Región de La Araucanía, un niño de ocho años le negó la mano al Presidente de la República. Y el Presidente de la República no lo dejó pasar.
No podía dejarlo pasar. Sería una señal de debilidad.
Un precedente peligroso. Si hoy un escolar de La Araucanía se niega a saludar al jefe de Estado, mañana los niños de todo Chile estarán organizando asambleas en los recreos. La anarquía, siempre, empieza con gestos pequeños.
I. El acto, la reja y la mano extendida
El episodio ocurrió en las afueras del Centro Cultural Liquén, donde el mandatario encabezó una ceremonia de entrega de títulos de dominio a familias mapuche. Un acto bonito, en suma. Reivindicatorio. El tipo de imagen que todo gobierno quiere proyectar: el Presidente cercano al pueblo, repartiendo papeles importantes, sonriendo para las cámaras.
Todo iba bien hasta que Kast llegó a la reja donde esperaban los vecinos y extendió la mano hacia el niño. El menor decidió no estrechársela, desencadenando la secuencia de eventos posteriores. (Cadena 3 Argentina) Nótese la frialdad quirúrgica de esa frase: "desencadenando la secuencia de eventos posteriores." Como si estuviéramos hablando del disparo en Sarajevo. Como si ese silencio de ocho años hubiera puesto en marcha la maquinaria de la historia.
En cierto modo, así fue, Kast, hombre que ha enfrentado cuatro campañas presidenciales, debates nocturnos, acusaciones constitucionales y cuarenta años de política chilena, se encontró de pronto ante su desafío más complejo: un niño con las manos en los bolsillos. La pregunta que cualquier líder experimentado se haría en ese momento es: ¿sigo caminando? ¿Saludo al siguiente? ¿Finjo que no pasó nada?
La respuesta de Kast fue, naturalmente: ninguna de las anteriores.
II. La pedagogía presidencial
Kast le dijo al niño: "Lo cortés no quita lo valiente. Que le vaya muy bien en todos sus estudios." (The Clinic) Una frase de abuelo en visita de domingo. Benevolente. Casi tierna. El tipo de cosa que uno le dice a un sobrino lejano que no sabe quién es uno y tampoco tiene mucho interés en averiguarlo.
Pero el niño seguía sin dar la mano. Y la madre, que había visto todo, intervino. Le dijo al Presidente que tenía "a todos los chilenos mal." Una crítica amplia, quizás poco documentada, pero entregada con la convicción de quien lleva meses viendo el noticiario con el ceño fruncido.
Aquí cualquier mandatario con experiencia en gestión de crisis habría tomado nota mentalmente, sonreído con templanza y seguido su camino. Kast, en cambio, tomó una decisión diferente: respondió dirigiéndose al niño —no a la madre, al niño— diciéndole que su gobierno estaba "recuperando el orden y la libertad" para que él pudiera tener "una mejor idea de la educación" y ser "un hombre correcto, siempre correcto." (The Clinic)
Detengámonos aquí un momento. El Presidente de Chile, rodeado de escolta, frente a una reja, en un acto oficial, le está explicando a un menor de primaria básica los fundamentos filosóficos de su programa de gobierno. Es la clase de escena que uno esperaría en una película de Wes Anderson, no en una entrega de títulos de dominio en la Araucanía.
"Así como me está mirando, con esos ojos de niño, yo le digo que crezca en libertad", (The Clinic) continuó el Presidente. El niño, presumiblemente, siguió mirándolo con esos mismos ojos de niño, sin que la libertad le resultara particularmente movilizadora en ese instante.
III. El dedo, la frase y la paradoja
Fue entonces cuando llegó el momento cumbre. El instante que los historiadores debatirán. La frase que merece su propio capítulo en los anales de la retórica presidencial chilena.
Con el índice extendido hacia el menor —ese dedo que en la fotografía quedó inmortalizado como símbolo de una era— Kast pronunció lo siguiente: "Ánimo, fuerza y fe; nunca se deje intimidar, y que su mamá no lo use a usted."
Pausa.
El Presidente de Chile, usando al niño para hablarle a la madre, acusó a la madre de usar al niño. En tiempo real. Con escolta de fondo. Y cámaras grabando.
Es el tipo de paradoja que Bertrand Russell no anticipó. Un bucle lógico perfecto, encapsulado en una sola oración, pronunciada frente a una reja en Villarrica un jueves de junio. La filosofía analítica tardó décadas en construir paradojas de esa complejidad. Kast la resolvió de manera espontánea, sin apuntes, señalando con el dedo a un escolar.
Cabe recordar, para contextualizar el gesto, que el hombre tiene nueve hijos. Nueve. Una experiencia doméstica que, razonablemente, debería haberlo vacunado contra cualquier tipo de conflicto con menores de edad. Uno imagina que, con semejante trayectoria familiar, un niño silencioso no debería alterar en absoluto el ritmo cardíaco del Presidente. Y sin embargo, algo en esa mano quieta lo tocó en un lugar profundo. En un lugar donde viven las convicciones más íntimas sobre el protocolo, el saludo y el orden republicano.
IV. La gente feliz y el grito final
Antes de retirarse, Kast le preguntó a los presentes: "¿Para qué vienen a interrumpir un acto donde está toda la gente feliz?"
Es una pregunta filosófica de primer nivel. ¿Estaban felices antes de que él llegara? ¿La felicidad fue convocada junto con el acto oficial? ¿Existe un decreto supremo que establece la obligatoriedad de la felicidad en presencia del Ejecutivo? El gobierno no aclaró estos puntos, probablemente porque el biministro estaba ocupado en otra cosa.
Al ingresar al recinto, se escuchó al mandatario gritar "¡Viva la libertad, jóvenes!" Un cierre épico. Casi cinematográfico. Como un general que arenga a sus tropas después de una batalla que nadie había declarado y en la que el único herido fue el protocolo.
V. La madre, la escolta y la coincidencia administrativa
Minutos después del cruce, personal de la escolta presidencial y Carabineros realizaron un control de identidad a la mujer. El procedimiento reveló que tenía dos órdenes de detención vigentes por el delito de estafa.
Casualidad, aclaró el gobierno. Pura rutina policial. El tipo de control que Carabineros realiza sistemáticamente a todas las personas que gritan "demagogo" frente a actos presidenciales. Un procedimiento estándar, universal, completamente ajeno al hecho de que la señora había increpado públicamente al jefe de Estado dos minutos antes.
Kast precisó al día siguiente que la detención no tuvo nada que ver con la discusión, sino con que "se hizo control de identidad, se comprobó que tenía dos causas pendientes y hoy quedó a disposición de los tribunales." (The Clinic) Impecable. Transparente. El orden funcionando con la precisión de un reloj suizo, aunque el reloj haya empezado a funcionar exactamente en el momento en que la señora levantó la voz.
VI. La defensa, la autocrítica y el espejo
El biministro Claudio Alvarado salió al paso de las críticas asegurando que el Presidente "es una persona cercana que recibe mucho afecto" y que lo que ocurrió es algo "a lo que está expuesta toda autoridad." Cercano, sí. Tan cercano que cuando alguien no le estrecha la mano, el aparato del Estado aparece diez minutos después a verificar su situación judicial. Eso es proximidad. Eso es territorio.
Consultado sobre si hacía autocrítica, Kast respondió que él "no se enfrasó en ninguna discusión" y que todo fue una trampa de personas que filmaban "para generar tensión." (The Clinic) La conspiración, entonces, incluía: un niño de ocho años, una madre molesta, algunos vecinos con celular y una reja de metal. Operación de inteligencia de alto nivel. El Deep State en zapatillas y polar.
Sus propios asesores, según trascendió, no estaban de acuerdo con cómo se manejó la situación. Dato que el gobierno no desmintió con demasiado entusiasmo.
Hasta el presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, compartió el video señalando que "cuando se lleva al poder la soberbia y el desprecio a la gente, la gente debe resistir para defender sus derechos." Kast no respondió, aunque probablemente instruyó a alguien de verificar los antecedentes penales de Petro por si acaso.
Epílogo
Chile tiene en este momento un Presidente que debate política pública con escolares, que usa el índice para señalar las verdades de la patria, que sale de un altercado gritando vivas a la libertad, y que luego asegura, con toda la seriedad del cargo, que no hubo ningún altercado.
Un hombre que crió nueve hijos y que, sin embargo, fue desafiado hasta el límite por uno que no era suyo y que simplemente no quiso darle la mano.
La diferencia, claro, es que a los propios no les mandan la escolta después.
Crezca en libertad, joven. Pero enséñele a su madre que en este Chile nuevo, el orden se recupera. Y el control de identidad, también.







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